Optar por este enfoque se traduce en combinar especialización, gestión activa y disciplina a largo plazo para generar valor para los inversores

Durante décadas, la industria de gestión de activos ha evolucionado por etapas: desde la sofisticación en la selección de valores, pasando por la consolidación de grandes plataformas globales, hasta el auge de la gestión indexada y la eficiencia en costes. Cada ciclo ha aportado nuevas herramientas y nuevas prioridades. Hoy, en un entorno marcado por la fragmentación de los mercados y por inversores que buscan ir más allá de la diversificación tradicional, el papel de la ‘multigestión’ adquiere una relevancia creciente.

La pregunta: ¿por qué? surge de manera natural y, aunque la respuesta es sencilla en planteamiento, la realidad es que la ejecución requiere de disciplina y estrategia. A diferencia de otras estrategias más convencionales, el multi-management no consiste simplemente en invertir en varios fondos, sino en construir una arquitectura coherente, que combine a los mejores gestores de inversión, distintas estrategias y distintos conocimientos bajo una misma estructura de cartera.

En este sentido, la primera clave de este tipo de estrategias es saber que el activo más importante no son únicamente las posiciones en cartera, sino la capacidad de seleccionar, combinar y supervisar adecuadamente a los gestores externos. La verdadera competencia diferencial reside en evaluar qué equipos aportan experiencia, consistencia y disciplina suficientes para complementar una cartera más amplia sin generar solapamientos innecesarios ni concentraciones ocultas.