Las elecciones de Castilla y León no mueven el tablero de la política nacional, pero dejan buen sabor de boca tanto en el PP, que frena a Vox, como en el PSOE, que cambia la tendencia
Castilla y León es la comunidad políticamente más previsible del país. No hay cambios desde hace 40 años: siempre gobierna la derecha. De la secuencia de las cuatro elecciones seguidas que programó el PP para apuntalar el ambiente de cambio de ciclo, esta era la menos decisiva, tal como lo veían ...
en los cuarteles de los grandes partidos. Y así fue. El resultado deja algunas sorpresas, como siempre, en especial el pinchazo de Vox, que esperaba una subida mucho mayor, pero no tiene fuerza como para mover el escenario político nacional. Habrá que esperar a las andaluzas de mayo-junio, mucho más decisivas políticamente y con una candidata como María Jesús Montero que ha sido la número dos de Sánchez todos estos años, para que se mueva el avispero nacional mirando ya a las generales.
Tanto Alberto Núñez Feijóo como Pedro Sánchez tuvieron una noche muy tranquila: el líder de la oposición puede presumir de que el PP ganó con comodidad y frenó a un Vox que se creía mucho más desbocado, y además insistir en que el bloque de derechas sigue creciendo en todas partes. Y su candidato, Alfonso Fernández Mañueco, dormirá aún más feliz: sube votos y escaños después de siete año y podrá negociar mejor con Vox después de contenerlo. Pero el presidente del Gobierno también podrá reivindicar que el PSOE ha resistido muy bien en un territorio hostil, ha subido en escaños, y ha roto la tendencia de fuerte caída que se vio en Extremadura y en Aragón.









