Los socialistas insisten en que gobierne la lista más votada en los comicios del próximo mes de marzo
La imprevisible política española ha convertido a Castilla y León, la primera hace unos meses en la carrera electoral hacia las generales en principio previstas para 2027, en la tercera del carrusel de urnas autonómicas que cerrará Andalucía, salvo enésima zozobra, al final del próximo semestre. La comunidad, pionera en las alianzas a la derecha cuando en febrero de 2022 el PP tuvo que abrazarse a Vox y formar la primera coalición con la extrema derecha, encara otra reválida con los recientes resultados de los comicios extremeños, que arrojan un PP fuerte pero sin mayorías, un PSOE cayéndose y un pujante Vox. El presidente, Alfonso Fernández Mañueco (PP), busca gobernar en solitario, lo cual viene siendo inviable desde que es candidato: en 2019 tuvo que pactar con Ciudadanos y, posteriormente, con los ultras, que lo soltaron de la mnao en verano de 2024.
Mañueco cerró el año parlamentario “con los deberes hechos” y reivindicando sus “buenos resultados”, crítico con el PSOE y Vox por sus acuerdos para pellizcar al PP y su minoría parlamentaria “pinza tras pinza”. El mandatario también esgrimió “informes independientes” para avalar su satisfacción con la legislatura y el “buen trabajo y cumplimiento” de los objetivos políticos de su partido, al mando desde 1987. Además, tanto en las Cortes como en comparecencias personales, ha seguido la línea del PP de sacudir al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE), por “aferrarse al sillón de La Moncloa” y forzar una “situación insostenible”, baza que intentará replicar en su campaña autonómica para aprovechar el desgaste del Gobierno central.






