Cuando la escritura es artísticamente eficaz para comunicar la opresión, convencerá al lector, pero solo como una consecuencia de la lectura

He pasado los 80 y no siento que haya llegado la hora de despedirme de la escritura, como ha hecho mi contemporáneo, al que tanto admiro, Julian Barnes, porque cree que ya ha tocado todas sus melodías. ...

Quiero ser escritor hasta la muerte, mientras conserve esos dos atributos fundamentales, sin los cuales no hay escritura: memoria e imaginación. “No puedes recordar sin imaginar, ni imaginar sin recordar”, dice el mismo Julian Barnes. Y no hay que olvidar un tercero: la curiosidad.

Cuando empecé a escribir era impaciente. Al llegar a la universidad para estudiar Derecho, empezamos a publicar una revista literaria, y me llevaba de la tipografía tiras de papel de las que servían para imprimir las pruebas con un rodillo. Aquellas largas tiras las metía en el carro de alguna máquina de escribir que estuviera ociosa en las oficinas de la universidad, y me sentaba a teclear como un desesperado, porque no quería desperdiciar el tiempo sacando y metiendo en el carro de la máquina las hojas de tamaño normal. Martillaba las teclas con dos dedos, y corregía muy poco porque pensaba que el mundo estaba ansioso de leer lo que escribía.