El autor británico, de 80 años, publica ‘Despedidas’ y anuncia que no escribirá más libros

Afirma Julian Barnes (Leicester, 80 años) en Despedidas (Anagrama): “Este será mi último libro”. El entrevistador agarra al vuelo esa advertencia. La conversación en su casa de Londres será sobre este nuevo libro, sí, pero también sobre una carrera literaria brillante. Como ya hizo en su obra magistral, El loro de Flaubert, el autor británico retoma en el nuevo libro un estilo híbrido en el que mezcla ficción y no ficción, imaginación y erudición. Y vuelve también a jugar con las trampas del pasado y la memoria como ya lo hiciera en El sentido de un final, con el que ganó el Booker en 2011. En Despedidas, una pareja, Stephen y Jean, reaviva con poca fortuna su idealizado amor universitario medio siglo después.

Barnes es miembro de una generación vibrante en la que también estaban Martin Amis, Christopher Hitchens, Salman Rushdie o Kazou Ishiguro, y habita desde hace casi cuatro décadas con los vivos y los muertos en una bella casa victoriana. Las paredes están desbordadas por fotos en blanco y negro de escritores y compositores que han formado parte de su obra, como Flaubert, Chéjov, Philip Larkin o Shostakóvich. Las estanterías, inundadas de libros. Una hermosa mesa de billar de la década de los treinta del siglo pasado ocupa el centro del estudio. Barnes ya no juega, se lo impide una vieja lesión en el hombro. A cambio, los libros se amontonan sobre el fieltro.