Testimonios recogidos por EL PAÍS de habitantes de la República Islámica muestran la desesperación de un conflicto que se alarga

Los drones se han convertido en una presencia amenazadora en las ciudades de Irán, al igual que el estruendo de los bombardeos y las columnas de humo que se elevan en el cielo de un país donde en las dos semanas de guerra que se cumplieron este sábado ya han muerto 1.444 personas. Otras 18.551 han resultado heridas, seg...

ún el Ministerio de Sanidad iraní. Mientras la lista de víctimas crece, la esperanza de algunos iraníes de que una intervención militar extranjera les trajera la libertad se desvanece. La presencia ominosa de esos aparatos no tripulados ha sumado un nuevo temor a sus preocupaciones, porque muchas veces “las víctimas” de esta guerra “son los civiles, como en la escuela de Minab”, dice Ladan, una mujer de Shiraz, en el sur de Irán. Tanto Ladan como el resto de entrevistados para este artículo han hablado con EL PAÍS por mensajes de Telegram.

La tragedia de las 175 personas —casi todas niñas de entre 7 y 12 años— que perecieron en un ataque en esa localidad del sur de Irán está muy presente en la memoria de sus ciudadanos. La investigación militar, a la que tuvo acceso The New York Times, apunta a Estados Unidos como autor del bombardeo. La guerra reveló su rostro con esa masacre y, en los últimos días, se ha convertido en una amenaza más cercana por los ataques con drones contra los puestos de control de los basiyíes, los odiados voluntarios que conforman esa milicia que depende de la Guardia Revolucionaria.