Los inversores se mantienen cautos con un petróleo que ronda los 100 dólares por barril. El miedo a una mayor inflación se cristaliza en la caída de la deuda soberana

Los inversores de todo el mundo llevan dos semanas conteniendo la respiración. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán —y la consiguiente respuesta del régimen de los ayatolás, expandiendo el conflicto bélico a toda la región— han hecho saltar por los aires todas las previsiones de los analistas. Como marcan los cánones en caso de conflicto en Oriente Próximo, el precio del petróleo se ha disparado (cerca de un 50% en dos semanas) y las Bolsas han caído. Con todo, los efectos de la guerra sobre los mercados financieros no han sido, por ahora, tan drásticos como muchos pronosticaban los primeros días. El petróleo parece haberse estabilizado en el entorno de los 100 dólares por barril de Brent, lejos de los 120 dólares que llegó a tocar.

Desde que los misiles y los drones empezaron a volar de Israel a Teherán, el pasado 28 de febrero, la corrección en las acciones norteamericanas ha sido tan solo del 3%. Una minucia, teniendo en cuenta que el índice de referencia, el S&P 500, había comenzado 2026 en máximos históricos, y con muchas voces alertando de excesos de valoración en las tecnológicas al calor de la inteligencia artificial.