Un paseo por los barrios medievales de la capital del Alto Turia, conocida por su color como “la Chauen de Valencia”, y otro por el fabuloso canal construido hace 2.000 años en sus cercanías

El azul no es un color que se use mucho en los pueblos de España, y menos en los del interior. Pero hay tres vistosas excepciones. Está el azul añil con el que tradicionalmente se han decorado en

den-y-otros-pueblos-con-encanto-en-ciudad-real.html" data-link-track-dtm="">La Mancha zócalos, fachadas, puertas y ventanas. Está Júzcar, en la serranía de Ronda (Málaga), que se pintó de azul en 2011 para promocionar la película Los Pitufos y así se quedó. Y está Chelva, la capital de la comarca valenciana de Los Serranos o del Alto Turia, una belleza antiquísima y montaraz a la que cada vez más viajeros se acercan atraídos por sus ojos y sus afeites azules.

Dicen que fueron los árabes los que trajeron a Chelva en el siglo XI el gusto por este color desde su Chauen natal, la ciudad azul marroquí de las montañas del Rif. Si no es verdad, Chelva se esfuerza mucho para que lo parezca. Azules son los alféizares, umbrales, jambas y dinteles de las casas de sus barrios históricos, los laberínticos y empinados núcleos andalusí, cristiano, judío y morisco que se arraciman en la parte más baja de la población. Azules son sus fuentes y sus lavaderos. Hasta la Casa Consistorial, que fue construida entre 1870 y 1873, es azul.