El videoartista británico-nigeriano Akinola Davies Junior fantasea en su debut en el cine, con el que ha ganado un Bafta, con un día en Lagos con su padre fallecido y su hermano
Cuando Akinola Davies Junior (Londres, 40 años) tenía 20 meses, su padre murió. “No tengo recuerdos de él. Tampoco se acuerda mucho mi hermano Wale”, explica por videollamada desde Brighton, donde reside, el director de La sombra de mi padre, ya en cines en España. En su filme, dos críos viajan a Lagos con su progenitor y viven en la capital de Nigeria un día muy especial en junio de 1993, en el que la esperanza de que llegue la democracia la acalla un golpe de estado, el del general Ibrahim Babangida.
La entrevista se realiza días antes de que Davies gane el Bafta al mejor debut, y de que la BBC censure, en la retransmisión de la gala en diferido, su “Free Palestine”. El videoartista creció con sus hermanos y su madre en Lagos, antes de volver a Reino Unido y terminar en EE UU para completar su educación. Así devino en nombre popular en la industria de la publicidad, se ganó un nombre como realizador de vídeos musicales y logró el respeto del mundo del videoarte.
Con todo, su hermano Wale estaba dándole la matraca con otra historia: su historia. Había escrito un esbozo de libreto para que el pequeño de los Davies debutara en el cine de ficción. Su cortometraje Lizard (2020), que ganó en Sundance, ya se aproximó, aunque con una chica de protagonista, a las relaciones paternofiliales. La sombra de mi padre ahonda en más temáticas. “Por un lado, de aquel día de junio de 1993, el del golpe de estado, me acuerdo porque nos sacaron del colegio. Por otro, cuando leí el primer guion de Wale no paré de llorar. Piensa que nosotros somos cuatro hermanos, los dos mayores, chico y chica, y, después, con mucha diferencia de edad con ellos, Wade y yo. Él tenía tres años cuando murió nuestro progenitor, y nos hemos inventado un padre”. Akinola, aun siendo el benjamín, heredó el nombre de su padre, y en el filme, a los dos críos los ha llamado con los diminutivos de los hermanos, Remi y Akin. “Nunca habíamos tenido los cuatro una conversación sobre lo que sentimos y perdimos cada uno con su muerte. Con la película, por fin tuvimos ese diálogo entre los cuatro. Y, por eso, los dos críos en pantalla llevan nuestros apodos”.






