El documental de Isaki Lacuesta y Elena Molina acompaña a la hija del músico, fallecido en 1995, en un emotivo y contenido ejercicio de amor y memoria
¿Quién fue Antonio Flores? Para Alba Flores, la respuesta es tan sencilla como insondable: su padre. Fallecido en 1995 cuando la actriz tenía ocho años, su fantasma ha marcado la vida de una mujer que ha crecido haciéndose preguntas que...
no se atrevía a formular. La mayor virtud de Flores para Antonio, el documental de Isaki Lacuesta y Elena Molina sobre el músico, es la sinceridad de ella. Se trata de un ajuste de cuentas hija-padre a través del amor y la memoria, un ejercicio que sale airoso por esa honestidad y por el innato carisma de la primera nieta de Lola Flores.
A sus 39 años, Alba Flores ha buscado las respuestas a través de un trabajo contenido pese a su carácter íntimo y emotivo. Es un viaje introspectivo en el que los dibujos, collages, canciones, maquetas y cintas inéditas del cantante permiten al espectador acompañar a la actriz en busca de su padre y de su propia voz. Flores para Antonio habla de una hija que necesita comprender (y compartir) quién era su padre, cuáles fueron sus éxitos, sus inseguridades y debilidades. Por qué murió si ella lo quería tanto. Alba Flores dejó de cantar por rabia cuando él la dejó y ha necesitado compartir su dolor para volver a intentarlo.






