Solo una quincena de los 54 reactores que llegó a tener el país han sido reactivados, entre la desconfianza de expertos y población local
La energía nuclear, estigmatizada en Japón tras el accidente sufrido el 11 de marzo de 2011 en la central de Fukushima Daiichi —que obligó a dejar sus hogares a miles de personas y a apagar los 54 reactores que suministraban el 30% de la electricidad del país—, ha vuelto al catálogo energético japonés. Pero lo hace en medio de la desconfianza de la población y el escepticismo de los expertos, 15 años después de que el mundo contuviese el aliento por uno de los peores accidentes nucleares de la historia, solo superado por el de Chernóbil (Ucrania) en 1986.
Tras el apagón nuclear, causado por un brutal terremoto y el posterior tsunami, Japón creó la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA, por sus siglas en inglés) y endureció la normativa. Como resultado, 24 de los 54 reactores que funcionaban en todo el país fueron dados de baja y están en proceso de desmantelamiento. De los 30 que quedan, solo se ha autorizado el reinicio de 15, que actualmente suministran casi el 9% de la electricidad del país.
El último reactor reiniciado, el mes pasado en la planta de Kashiwazaki-Kariwa, en la prefectura de Niigata, había recibido la autorización de la NRA en 2022. Ha habido que esperar tres años para conseguir la aceptación de la población local y ponerlo efectivamente en marcha. La compañía que gestiona la planta es Tepco (Tokyo Electric Power Company), la propietaria de la accidentada Fukushima Daiichi, y las encuestas de los medios y del Gobierno local revelaban que muchos habitantes de la zona se oponían al reinicio de Kashiwazaki-Kariwa por la mala reputación de Tepco y su historial de irregularidades en la gestión de Fukushima Daiichi.







