La heterogeneidad de las estrategias de enseñanza en centros y regiones y la falta de capacitación para educadores socava el modelo bilingüe
El último Estudio Europeo de Competencia Lingüística (EECL), que data de 2012, concluyó que solo el 24% de los estudiantes españoles del último curso de la ESO se manejaba con independencia en inglés, lo que situaba a nuestro país en el furgón de cola de los 14 países analizados. Desde entonces no se ha vuelto a realizar otro estudio similar. Recientemente, no obstante, el último EF English Proficiency Index sit...
uó a España como el cuarto peor país de la UE en nivel de inglés con 540 puntos (datos de población mayor de 18 años), una puntuación en la que, con pequeñas bajadas y subidas anuales, el país parece haberse estancado en la última década.
Se esperaba que la apuesta por la educación bilingüe de hace dos décadas —que hoy tiene a casi un millón y medio de alumnos estudiando en colegios e institutos en los que gran parte de las materias se estudian en inglés— marcaría un antes y un después. Y en cierto modo lo ha hecho. “Que el nivel de inglés de los estudiantes ha mejorado es indiscutible. Otra cosa es que haya mejorado lo que algunos queríamos o pensábamos, pero hasta el peor de los programas produce efectos positivos en los alumnos”, reconoce Xavier Gisbert, presidente de la Asociación Enseñanza Bilingüe.






