Andalucía ha eliminado de un plumazo sus 1.806 auxiliares de conversación que desde hace dos décadas ayudan a unos 300.000 alumnos de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato Internacional a aprender idiomas. Para este curso escolar, sus 1.272 centros bilingües ―del total de 7.000― carecerán de los estudiantes extranjeros británicos, franceses, alemanes o estadounidenses que les mejora la dicción de los idiomas para convertirlos en algo más ameno y cercano. Pero detrás de esta merma que afecta a los alumnos andaluces pueden verse afectados millones de estudiantes de otras 15 autonomías, todas excepto Aragón.

La pasada primavera la Inspección de Trabajo multó a Andalucía con 5 millones por no considerar a estos estudiantes como trabajadores y evitar la cotización a la Seguridad Social, condición que solo cumple Aragón desde hace una década, según el Ministerio de Educación. Esto expone a las autonomías a recibir otras multas millonarias si el Ministerio de Trabajo y Economía Social unifica su criterio.

“La inmersión lingüística y cultural es enorme, pero sobre todo es una ayuda inconmensurable para corregir la pronunciación. Si además la persona es creativa, a la aportación académica se le suma un aprendizaje de vida para los alumnos. Los chavales se sueltan muchísimo y se les quita la vergüenza cuando otra persona más cercana a su edad les pregunta”, ensalza Ana Vázquez, coordinadora de bilingüismo y delegada del sindicato Ustea en el Instituto Jacarandá de Brenes (Sevilla). En este pueblo a las afueras de la capital andaluza conviven hasta 50 nacionalidades y Vázquez destaca cómo derriba percepciones racistas enquistadas en los alumnos el hecho de que un estudiante universitario afroamericano les enseñe a pronunciar el inglés que se les atraganta. Andalucía ha sido la primera comunidad en cancelar el programa, tal y como avanzó Diario de Sevilla, pero pueden sumarse otras regiones.