Nada apunta a que estemos viviendo un gran momento para el feminismo en Oriente Próximo

La mañana del sábado 28 de febrero, cuando EE UU e Israel comenzaron su ataque contra Irán, una diputada conservadora de nuestro Parlamento escribió en redes: “hoy es un gran día para el feminismo”. Bendito entusiasmo, aumentado al saberse que

is.com/internacional/2026-03-05/la-muerte-de-jamenei-un-caso-sin-precedentes-en-el-que-un-gobierno-acaba-con-el-lider-de-otro-pais.html" data-link-track-dtm="">el ayatolá Jameneí había sido ejecutado en un ataque junto a otros miembros de la cúpula dirigente de la dictadura iraní. Sin embargo, inmediatamente después conocimos que otro de los lugares machacados había sido una escuela infantil y que había decenas de niñas muertas por una de las dos operaciones bélicas en curso. La israelí se llama Rugido del león y la estadounidense Furia épica. Los dos títulos suenan a película taquillera, machirula y mala, pero sobre todo confirman la delirante infantilización en que vivimos. Esta supuesta operación conjunta con dos cabezas ha forzado al presidente Trump y a sus hormonados jefes de filas a improvisar justificaciones cada rato más erráticas en las que suman finalidades estratégicas como quien sale de paseo en bici y duda entre si está participando en el Tour de Francia o dándose un garbeo hasta la hora de comer.