EL PAÍS reconstruye con múltiples fuentes que su cercanía a la concejala que denunció al alcalde supuso su caída en desgracia dentro del Ayuntamiento. Gallego asegura que se ha ido por motivos personales
El documento apócrifo lo tuvo en sus manos un periodista de Okdiario. Se decía una verdad: Raúl Gallego era concejal en Móstoles por el PP. Pero escondía también una mentira: que en la discoteca de la que fue dueño se permitía el consumo de drogas y se utilizaba agua no potable de un pozo. Circuló por WhatsApp entre toda la gente que rodea el Ayuntamiento. ...
Los que le echaron un vistazo sospecharon desde el primer momento. Estaba escrito con un título y dos subtítulos en viñetas, y usaba una tipografía familiar: la maquetación era idéntica a la que usa su partido en sus notas de prensa. “Le dijimos a Raúl que nosotros no teníamos nada que ver con esa calumnia, que era fuego amigo”, aseguran desde la oposición de Móstoles.
Según múltiples fuentes consultadas, con las que se ha reconstruido este relato, Gallego vivió días de tormento que a la larga le llevaron a renunciar la semana pasada y abandonar la política. Esta historia cuenta cómo llegó hasta ese preciso momento. La primera pista fue este escrito, un líbelo del que no hay cómo defenderse. Si se contradice en público se difunde todavía más. Esta sensación de indefensión, cuenta alguien que lo trató de cerca esos días, se sumó a las noticias constantes que aparecían en prensa sobre su pleito con una vecina que le denunció por el ruido de uno de sus locales. La señora lo llamó “terrorista acústico” y él la demandó por vulneración de su derecho al honor. Un juzgado le impuso una multa a la vecina de 7.000 euros, pero quien leyó después lo que se publicó en los digitales se quedó con la sensación de que Gallego era el condenado.






