Los recuerdos de nuestros abuelos, testigos del horror y de la crueldad del ser humano, son el hilo conductor de la novela de Azahara Palomeque, más próxima a la expresión oral y a la poesía que a la narrativa
Dice David Uclés de ella que “es la voz más inteligente de mi generación”. Y es verdad que la literatura de
es-lo-que-hemos-vivido.html" data-link-track-dtm="">Azahara Palomeque no solo tiene muchos destellos de inteligencia, sino que además habla con voz propia. Pero hay algo más que une a ambos escritores. Si el autor de La península de las casas vacías nos sorprendió con el realismo mágico de la Guerra Civil, Azahara Palomeque también recupera nuestros traumas del pasado, pero con un estilo literario poco convencional. Y es esto lo que une a ambos autores: no solo pretenden escribir de nuestra memoria, sino que además nos quieren sorprender.
Pueblo blanco azul es un texto que nos golpea y nos interpela en cada página. Pero no lo hace solo a través de la escritura. La nueva novela de Palomeque quiere ser oída, más que leída. Elaia, la protagonista de esta historia, desea gritarnos en cada frase las injusticias del pasado familiar, especialmente de la Guerra Civil y la posguerra. Pero también las injusticias del presente, de un pequeño pueblo del sur cada vez más abandonado, que nos recuerda a esa España interior que se vacía de personas, pero no de talento ni de oportunidades. Porque si hay un hilo conductor en todo el texto es el sentimiento de injusticia, una injusticia que viene del pasado y que nos lleva al futuro. Una injusticia, además, que tiene como punto de partida una sociedad llena de desconfianza, donde unos denunciaban a los otros y donde muchos inocentes se quedaron por el camino. Y todo ello quedó en la memoria de nuestros abuelos, testigos del horror y de la crueldad del ser humano, como la abuela de Elaia.






