Eterno candidato al Nobel de Literatura, el autor deja un legado de más de una treintena de aclamadas novelas

Todo en la biografía de António Lobo Antunes fue mayúsculo, ciclópeo, colosal. También lo es su muerte. El hueco que deja el más grande escritor portugués de la literatura contemporánea es uno de esos agujeros negros del espacio que ya había comenzado a dibujarse cuando su enfermedad le fue retirando de la escritura y de la memoria. Su fallecimiento, ocurrido este jueves en Lisboa, fue confirmado por la editorial Dom Quixote, donde publicó más de una treintena de novelas, crónicas y ensayos que se sucedieron casi de forma compulsiva mientras su autor fue dueño de las palabras. Lobo Antunes tenía 83 años y llevaba varios retirado en su domicilio tras el avance de una de esas dolencias que arrebatan los recuerdos.

Su última novela publicada en portugués fue O Tamanho do Mundo. En España, traducido por António Sáez Delgado, Random House Literatura editó el año pasado La última puerta antes de la noche, una suerte de thriller engañoso, iniciado a partir de un crimen real y convertido en otra de esas piezas de orfebrería psicológica y literaria. Lobo Antunes, psiquiatra de profesión, tenía una combinación perfecta para adentrarse en los tormentos humanos: la experiencia de la clínica y el don de las palabras. Y ha muerto sin recibir el Nobel de Literatura en cuyas quinielas figuró una y otra vez, como si la distinción que recibió en 1998 José Saramago fuese excluyente. El olvido de Lobo Antunes es otro de esos pecados capitales de la Academia sueca, que en una historia de más de un siglo ha ignorado la riqueza y heterogeneidad de la literatura en portuguesa. Desde ahora, el autor de Fado alejandrino está en el panteón de los injustamente olvidados como los brasileños Jorge Amado y Clarice Lispector o la portuguesa Agustina Bessa-Luís, entre otros.