El suministro de gas para España está garantizado incluso con el cierre del estrecho de Ormuz, porque apenas compra a Qatar, pero la subida de precios en los mercados internacionales inquieta a las empresas

Las Bolsas son estos días una ventana a la destrucción económica de la guerra. Cientos de miles de millones en valor volatilizados en horas, a la vista de todos, ante la perspectiva de un mundo con más inflación, menos crecimiento, y en definitiva, más incertidumbre. Pero hay otro impacto, más difícil de cuantificar, sin dígitos cambiando cada segundo, pero igualmente devastador: el de pequeñas, medianas y grandes empresas no cotizadas, el grueso de aqu...

ello que llaman tejido productivo, que ven acercarse una ola cuyas dimensiones todavía no aciertan a medir del todo.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, identificaba a los potenciales damnificados de la crisis este martes: industrias intensivas en gas y electricidad como la química, la metalúrgica o la cerámica. Y otras expuestas al precio del petróleo y a los problemas en las cadenas de suministro, como la del transporte y la logística.

El precio del gas natural es el que más ha reflejado la convulsión del momento. Aunque con altibajos, se ha disparado con mucha más intensidad que el del petróleo, alcanzando picos que prácticamente suponían duplicar el importe en apenas dos sesiones debido al cierre del estrecho de Ormuz y el frenazo en las exportaciones de Qatar.