La gravedad del contexto internacional exige del Gobierno, más que eslóganes, pedagogía, búsqueda de apoyos y altura institucional

La guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán, además de violar el derecho internacional, es de una extrema peligrosidad por sus potenciales efectos económicos globales y la más que probable extensión de la violencia por parte del régimen iraní a todo Oriente Próximo. Tiene razón

rtar-relaciones-comerciales-con-espana.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/2026-03-04/pedro-sanchez-comparece-despues-de-la-amenaza-de-trump-de-cortar-relaciones-comerciales-con-espana.html" data-link-track-dtm="">el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su exigencia ayer a Estados Unidos, Irán e Israel para que pongan fin inmediatamente a las hostilidades y utilicen las vías diplomáticas para resolver el conflicto. Carece de fundamento y razón, en cambio, el desaforado ataque de Trump a España y sus toscas amenazas de bloqueo comercial, como si se tratara de un país enemigo en vez de un aliado de la OTAN y el anfitrión en su territorio de dos importantes bases militares de gestión conjunta.

Sánchez respondió ayer con la lectura de un comunicado desde La Moncloa después de que Trump, en otro exceso histriónico desde el Despacho Oval, arremetiera contra el Gobierno español por el veto al uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la guerra de Irán, que se suma al agravio de no haber aceptado elevar caprichosamente el gasto en defensa al 5% del PIB como exigía Trump. Sánchez ha reivindicado la claridad y la consistencia de la posición española ante esta crisis bélica. Para ello rescató el eslogan “no a la guerra”, la consigna que galvanizó a la opinión pública española contra la guerra de Irak en 2003. Pero un eslogan, por hábil que sea, no basta en un contexto tan grave como el actual.