Dos estudios detectan los mecanismos neuronales que se activan al consumir cocaína y alcohol. Entenderlo, explican, podría ayudar a encontrar una medicina para erradicar la dependencia

Cuando un adicto a la cocaína recae, no se trata de un fracaso personal: es el resultado de una reestructuración de su cerebro. Es lo que corrobora una investigación que se publica este miércoles en la revista Science Advances. El experimento, realizado en ratones, ha constatado cómo la cocaína altera el funcionamiento del núcleo accumbens, centro neurálgico del placer. Esto explicaría por qué la adicción es tan difícil de tratar, y según los autores, también abriría la puerta a desarrollar nuevas terapias farmacéuticas para hacerlo. “La adicción es una enfermedad en el mismo sentido que el cáncer”, explica A. J. Robison, profesor de neurociencia y fisiología y autor del estudio. “Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas con adicción, del mismo modo que necesitamos encontrar curas para el cáncer”.

El experimento se valió de la edición genética para bucear en el cerebro de los roedores. Usaron la técnica CRISPR, una especie de tijeras moleculares, con las que pudieron separar distintos circuitos neuronales. De esta forma pudieron ver cómo la cocaína afectaba en zonas concretas y trazaron la pista de un claro responsable: el ΔFosB. Esta proteína actúa como un interruptor genético, activa y desactiva genes en el circuito entre el centro de recompensa del cerebro y el hipocampo, el centro de la memoria. “El ΔFosB no solo está asociado con estos cambios, sino que es necesario para que se den”, explica en un intercambio de mensajes Andrew Eagle, neurocientífico del comportamiento que también participó en el estudio. “Sin ella, la cocaína no produce los mismos cambios en la actividad cerebral ni el mismo impulso para consumirla”.