El momento exige decisiones presupuestarias, industriales y organizativas que durante décadas se han postergado

Dos señales han marcado el debate sobre la seguridad europea en las últimas semanas. La primera viene de Estados Unidos. La segunda, de Europa. Ambas apuntan en la misma dirección: el continente debe prepararse para asumir la responsabilidad primaria de su defensa convencional....

En la OTAN, el subsecretario estadounidense de Defensa para Política, Elbridge Colby, explicitó recientemente algo que se lleva tiempo madurando en Washington. Estados Unidos seguirá comprometido con la Alianza Atlántica, pero no puede —ni quiere— seguir siendo el garante principal de la defensa convencional de Europa. En la mísma línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró en Múnich que la relación transatlántica sigue siendo un interés estratégico central para Washington, aunque en un marco más equilibrado. Por un lado, la Estrategia de Defensa Nacional de EE UU resalta la priorización estratégica del territorio nacional y la región Indo-Pacífico. Por otro, la reciente intervención contra Irán subraya hasta qué punto Washington debe gestionar simultáneamente múltiples teatros estratégicos. Ambos puntos refuerzan la lógica de una mayor responsabilidad europea.