Durante décadas, el telón de acero partió Europa en el eje Este/Oeste. La crisis económica empezada en 2008 abrió una herida en el eje Norte/Sur. Ahora, parece aflorar una nueva brecha en el mapa, y esta vez tiene que ver con la defensa, el centro de gravedad política de esta época europea. Varios indicadores apuntan a que se va configurando un grupo de países que asume el objetivo del refuerzo militar con mayor intensidad que otro, un proceso con visos de agudizarse en el futuro y de producir consecuencias problemáticas.

En el primer grupo destacan Alemania, Francia, el Reino Unido, Polonia, los bálticos o los nórdicos. Estos países emiten rotundas señales políticas de compromiso con grandes inversiones en defensa o con acuerdos estratégicos, como los muy significativos firmados recientemente entre el Reino Unido y Francia (que incluye una coordinación de su capacidad de disuasión nuclear) o entre el Reino Unido y Alemania, dos pactos que reconfiguran como eje tractor el grupo de las tres principales potencias europeas. Otra señal son las inversiones anunciadas en los últimos días por parte de Estados como Suecia, Noruega, Dinamarca y Países Bajos para comprar a EE UU armas destinadas a Ucrania.