La crisis de Groenlandia aviva la necesidad de que la UE pueda defenderse sin la ayuda de Washington

La idea de un ejército europeo lleva años, décadas, flotando en la UE sin que se haya concretado. Pero el riesgo inédito que supone el abierto distanciamiento hacia Europa de Estados Unidos con el presidente Donald Trump, pese a la amenaza que implica la Rusia de Vladímir Putin, está cambiando las tornas. La crisis de Groenlandia ha generado entre los socios europeos un inédito consenso sobre la urgencia de reforzar la autonomía defensiva, contexto en el cual la idea de contar con una fuerza militar propia más allá de la OTAN cobra nuevo impulso. Aunque las dudas persisten.

El ansia anexionista de Trump sobre la isla ártica fue un punto de inflexión. El pasado enero, en plena crisis, el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, reflotó la idea de una “poderosa fuerza militar europea permanente de 100.000 soldados” que pueda sustituir la actual presencia estadounidense en territorio europeo.

Sin abogar abiertamente por un ejército común —muchos coinciden en que lo importante no es cómo se lo llame, sino contar con un contingente europeo defensivo más o menos robusto—, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, también alertó recientemente de la necesidad de tener unas fuerzas más integradas: “No necesitamos 27 grandes ejércitos, necesitamos 27 Estados miembros que contribuyan a una defensa europea común”, sostiene.