Qué tres años desperdiciados de los que nadie nos va a devolver el talento perdido, las infraestructuras deterioradas y los proyectos de investigación abortados
Este lunes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y los rectores firmaron un acuerdo de financiación plurianual, con toda la pompa y formalidad que se da a un tratado de paz entre naciones en guerra. De esta manera, Ayuso pretende cerrar el duro enfrentamiento con toda...
la comunidad universitaria, que abrieron los propios rectores en abril de 2024, al denunciar la asfixia financiera que estaba llevando a la universidad pública madrileña a la ruina; dos años de protestas, manifestaciones y huelgas en los que el Gobierno autonómico pensó que poniendo algunos parches presupuestarios la situación se calmaría. Sin embargo, topó, con sorpresa, con la tenacidad de la comunidad universitaria. Había convertido la cuestión en uno de los conflictos estrella de la legislatura.
Obviamente, Ayuso no podía permitirse el lujo de entrar en periodo electoral con esta confrontación abierta y ha tenido que ceder, a pesar de su mayoría absoluta y sus bien pagados apoyos mediáticos, ante el empuje de profesores, alumnos y trabajadores de la universidad pública, no sin antes convertir al exconsejero de Educación Emilio Viciana en chivo expiatorio para intentar tapar su responsabilidad. ¡Qué trabajo cuesta arrancarle a este Gobierno autonómico lo mínimo imprescindible para que los campus públicos sobrevivan! ¡Y qué tres años desperdiciados de los que nadie nos va a devolver el talento perdido, las infraestructuras deterioradas y los proyectos de investigación abortados!






