Los habitantes de la capital iraní describen problemas para conseguir comida y medicinas, cortes de agua y electricidad y una ansiedad permanente por temor a ser blanco de ataques
Decenas de personas hacen fila frente a las panaderías en las calles de Teherán, con ajadas bolsas de tela o pequeños carritos con ruedas, mientras miran en aplicaciones en el teléfono dónde pueden encontrar otros bienes de primera necesidad. Es una imagen que se repite desde el sábado, cuando comenzaron los bombardeos estadounidenses e israelíes en Irán. “Las panaderías están funcionando a medio gas y esperar horas se ha convertido en parte de la vida diaria, con un miedo constante a explosiones en cualquier momento”, explica a este periódico Mohammad Reza Hosseini, de 55 años, empleado bancario que vive cerca de la conocida Plaza de Palestina de la capital iraní.
Vivir en Teherán hoy es vivir en una ciudad sitiada y aparentemente abandonada por sus habitantes. Las ambulancias pasan a toda velocidad por las calles prácticamente desiertas. El miedo lo invade todo y la gente vive en un estado de tensión permanente, marcado por el zumbido de los aviones de combate, las sirenas de alarma o las explosiones cercanas.








