Una mujer circula por la plaza Valiars en el centro de Teherán. EFE/Jaime León
Jaime León |
Teherán (EFE).- Irán cuenta con uno de los precios más bajos del mundo de gasolina y se enfrenta al dilema de mantener unos millonarios subsidios que hacen que el combustible sea más barato que el agua en un país con una debilitada economía o subir su coste y arriesgarse a protestas como ha ocurrido en el pasado.
Los iraníes tienen acceso a 60 litros mensuales de gasolina por 15.000 riales el litro o 0,01 euros y tras esa cantidad el coste se duplica hasta los 30.000 riales o 0,02 euros por litro, unos precios que se mantienen desde 2019, cuando se produjo la última subida en medio de unas protestas que causaron más de 300 muertos.
Esos subsidios cuestan al Estado iraní cerca de 70.000 millones de euros anuales o casi un 20 % de su presupuesto nacional y el doble de sus exportaciones de petróleo, según datos de la Cámara de Comercio, una situación que el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, considera insostenible.






