El canterano azulgrana, uno de los mimados por el entrenador alemán, suma cuatro goles en los últimos seis partidos

Cuando en la dirección deportiva hablan de Hansi Flick, siempre destacan su capacidad para gestionar la plantilla, sobre todo a la hora de cuidar a los jóvenes. Hay pocos ejemplos mejores que el de Marc Bernal. El alemán se enamoró de Bernal en la pretemporada de la campaña pasada y lo esperó con paciencia hasta que se recuperara de la lesión en los ligamentos. El canterano no se rindió y contestó a la confianza de Flick. Una fórmula similar quería utilizar el alemán para sellar una espectacular remontada frente al Atlético: “No vamos a rendirnos. Es un partido importante. Hay que creer”.

Y la hinchada del Barcelona creyó. El equipo también. No le alcanzó.

El entrenador empezó a agitar la emoción de sus jugadores en el entrenamiento del lunes, para después buscar que su mensaje llegara a la afición. De entrada, los seguidores azulgranas montaron un recibimiento para las grandes noches del Camp Nou. Una multitud esperó al autocar del Barcelona con bengalas. Pero no se conformaron con color y ruido. El estadio en construcción se llenó como nunca en la temporada, 45.399 espectadores. Había una carga emotiva extra, símbolo de los tiempos de elecciones: el club reestrenó la Grada de Animación, un viejo reclamo de un sector de los seguidores desde que Joan Laporta la cerró en noviembre de 2024 por las “numerosas sanciones acumuladas”. La puesta en escena se completó con un tifo: “Juguem com som”.