La ruptura de las relaciones comerciales entre EE UU y España es un calentón y un grave incidente diplomático, pero muy poco creíble
Palabras de charol. Fanfarronadas con muy poco sustento detrás. El ataque directo de Donald Trump a España supone un incidente diplomático grave, pero poco más. Amenazar con cortar el comercio con un aliado de la OTAN y miembro de la Unión Europea porque se niega a participar en un ataque ilegal a Irán revela que la geopolítica trumpista no está basada en relaciones entre socios, sino entre un poder que ...
manda y unos supuestos aliados que son en realidad vasallos: obedecen o son castigados. Eso no es una alianza, es subordinación. Sabíamos que Estados Unidos había dejado de ser el aliado histórico de los europeos. He aquí un ejemplo más de esa deriva. Esa amenaza, además, es poco creíble.
Trump ya amenazó a España en su día con subirle los aranceles más que al resto de los europeos: nunca lo hizo. Si Washington quiere revisar las relaciones comerciales “deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EEUU”, según se la apresurada réplica española. Las fuentes consultadas coinciden en que difícilmente puede haber algo asible detrás de ese calentón del presidente de EE UU. España tiene un abultado déficit comercial con Estados Unidos: compra mucho más de lo que vende. Casi 15.000 millones más. La economía española exporta sobre todo coches, aparatos médicos y productos de alimentación por importe de 16.700 millones. Y compra a Estados Unidos por algo más de 30.000 millones, en especial gas natural licuado, petróleo, maquinaria y bienes intermedios industriales, y se ha comprometido a comprar más armas. Trump puede imponer una especie de embargo para evitar las compras, pero España podría diversificar sus cadenas de suministro. “No puede hacer nada: tan solo bloquear las compras que dependan del Gobierno, que son mínimas”, según fuentes financieras. Trump no puede imponerle a España, por ejemplo, un arancel distinto a España del 15% europeo.









