El escritor albaceteño, Premio Nacional de Poesía Joven y autor de ‘Niño parabólico’ (Periférica), es partidario de visibilizar los trabajos alimenticios de los escritores, como el suyo en el museo

En la tienda del Thyssen-Bornemisza se despachan lápices, imanes y postales —lo típico— que muestran algunas de las imágenes icónicas del museo. No solo eso, también piezas más sofisticadas, de comprobada calidad, como cerámicas, telas, pañuelos, etcétera, encargadas por la institución a artesanos y diseñadores. Por supuesto, hay libros, muchos libros, libros de arte, libros de pensamiento, libros infantiles. Por haber, en la tienda del Thyssen, ¡hay hasta un escritor!...

Constantino Molina (Pozo-Lorente, Albacete, 40 años) pulula por la tienda durante toda la jornada laboral. Aconseja, ordena, cobra. La mayor parte del público lo ignora, pero es autor de un libro muy raro, Niño parabólico (Periférica, fue Libro de la Semana en Babelia), y tiene en su haber el Premio Nacional de Literatura 2016 en la modalidad de Poesía Joven Miguel Hernández por Las ramas del azar (Rialp; también ganó el Adonais). Su último poemario tiene el profético nombre, quién sabe, de Premio Cervantes (Renacimiento).