Esto no iba de si te salía un hijo ‘therian’, sino del contrataque de chavales buscando bulla en nuestras plazas
No fue una quedada therian, sino un contrataque de niños rata. La semana pasada, el bulo de la invasión de jóvenes que se identifican con animales provocó una oleada de pánico moral en España. De esa subcultura marginal se vieron pocos integrantes, pero quienes sí abarrotaron las plazas buscando bulla fue otro...
tipo de especimen mucho más integrado de lo que creemos, el niño rata adolescente.
Al niño rata se lo empezó a llamar así a mediados de la década pasada. Fue un insulto que nació en la comunidad gamer y que venía a referirse a esos críos molestos que se infiltraban en las partidas de videojuegos online a gritos, matando a jugadores porque sí, fastidiando la dinámica del juego. Eran bastantes fáciles de detectar porque insultaban por el micro y se pasaban horas enganchados a las partidas, incordiando e impartiendo el caos. Cuando no estaban jugando al Minecraft o Call of Duty, se la liaban a sus padres en restaurantes y reuniones por el delito de aburrirse. Y cuando les daban una pantalla para callarlos, se enganchaban a canales de YouTube en los que otros chavales en grupo se forraban a costa de hacer bromas a colectivos vulnerables, acosaban a chavalas creyendo que se las ligaban o regalaban dinero a personas en situación de sinhogarismo para sentirse como dioses. Esos niños rata de ayer son los que hoy están a punto de ejercer su voto, se sienten cómodos con el algoritmo que grita “Pedro Sánchez, hijo de puta”, comparten memes homófobos, transfóbos y sexistas por las risas y han visto como su contenido sugerido en redes ha sido cooptado por voceros de extrema derecha.









