El país asiático es líder global en servicios de atención al cliente subcontratados por grandes empresas occidentales. Su atractivo procede del excelente inglés entre la población joven y los bajos salarios, muy por debajo del coste de la vida. La fiebre proteccionista en EE UU podría hacer trizas este pilar de la economía filipina

Es sábado por la noche en Manila, pero Chris, que a sus 25 años acaba de terminar un máster, no se dispone a salir de fiesta. Le espera su silla en un call center, así que apura un plato de comida callejera antes de afrontar un incesante aluvión de llamadas procedentes de Estados Unidos. Desde un rascacielos en el moderno barrio de Makati, Chris solventará las dudas de clientes que viven al otro lado del Pacífico, donde apenas está amaneciendo. Lleva cuatro años en la empresa Concentrix —a la que subcontratan grandes compañías financieras o tecnológicas— y cobra 290 euros al mes.

Como casi siempre, Chris entra hoy a las 11 de la noche y saldrá a las ocho de la mañana. Cubre el turno cementerio (llamado así por el silencio de la madrugada), el más habitual entre el millón y medio de filipinos que trabajan en un call center, según datos de IBPAP, la patronal en el país asiático de los procesos de negocio subcontratados (BPO, por sus siglas en inglés).