Aunque pueden reducir el impacto de los residuos orgánicos, estas instalaciones generan posturas encontradas incluso dentro del ecologismo

La alarma social generada por el aluvión de nuevos proyectos de plantas de biogás y biometano en toda España está llevando a una situación inesperada: aunque teóricamente estas instalaciones que generan una energía renovable a partir de la descomposición de residuos orgánicos suponen diferentes beneficios ambientales en la reducción de emisiones y el tratamiento de los residuos, cada vez es ma...

yor el rechazo no ya a las plantas mal diseñadas o mal planteadas, sino a todas en general.

El asunto ha adquirido tal complejidad que la propia organización Ecologistas en Acción ha sacado de forma reciente una guía con pautas para evaluar estas plantas, recomendando “analizar caso a caso”. “No estamos en contra de la tecnología, sino de los malos proyectos”, explica Marina Gros, representante de Ecologistas en Acción, que también reconoce que “existen discrepancias dentro de la organización porque hay debate, hay visiones diferentes”.

Estas instalaciones consisten en grandes tanques cerrados (digestores) donde se descomponen de forma anaerobia (sin oxígeno) desechos orgánicos de la agricultura, la ganadería, la industria alimentaria, las depuradoras, la recogida urbana... De esta forma, se obtiene gas y queda una materia (el digestato) que puede emplearse como fertilizante. En Europa hay más de 19.000 plantas que producen biogás (una mezcla de metano y CO₂ usada para generar calor o electricidad) y unas 1.700 de biometano (metano de alta pureza que se inyecta directamente a las redes de gas natural). En España, ha sido un sector muy minoritario, hasta ahora. De pronto, existen más de 200 proyectos pendientes de conseguir luz verde de las administraciones, si pasan los procesos de evaluación ambiental. Sin embargo, al mismo ritmo que aparecen planes de nuevas instalaciones, también surgen plataformas en contra.