Unos ocho millones de hogares en España, donde viven más de 20 millones de personas, cuentan con calderas, según el Informe anual de 2023 elaborado por Sedigas. Gracias al gas que llega a ellas a través de una red actual de 80.000 kilómetros, el frío no es un problema en invierno y el agua alcanza en cualquier momento la temperatura ideal para un baño reconfortante, por ejemplo.
Por este sistema ya puede circular también el gas verde. También conocido como biometano, se obtiene a partir de residuos orgánicos como restos agrícolas, ganaderos o residuos urbanos, entre otros. Todo ese material, en lugar de contaminar, se transforma en una fuente de energía limpia, que puede utilizarse exactamente igual que el gas natural. Es decir, para calefacción, cocina o agua caliente. Por tanto, para disfrutar de sus beneficios, las personas que ya disfrutan de gas no tendrían que hacer nada (ni obras ni instalación) a la hora de cambiar de fuente de energía.
En una época donde la sostenibilidad y las alternativas medioambientales se han aceptado uno de los grandes retos del futuro, el gas verde o biometano se convierte en una solución energética limpia, estable ⎯no depende del sol ni del viento, pero las complementa en la categoría de energías renovables⎯ y competitiva. Contribuye a reducir la dependencia energética del exterior, apoya al sector primario en la gestión de sus propios residuos y genera empleo de calidad en el medio rural. Se trata de un producto almacenable y competitivo que se consigue a partir del aprovechamiento de residuos orgánicos. Al no depender de otras fuentes de energía verdes, se sitúa entre las opciones más estables del mercado. Además, es fácilmente transportable. Sin duda, uno de los procesos más rápidos hacia la inaplazable descarbonización.






