La política empapa los discursos de los ganadores, con ataques a Trump y Milei y alegatos a favor de la empatía, la ternura o el respeto hacia las personas con discapacidad
No había dudas de que la gala de los Goya hablaría de Palestina. Quizás la única sorpresa fuera cuánto. O lo rápido que sucedió. Todavía ni se había mencionado alguna película nominada cuando el copresentador Luis Tosar criticó “el genocidio en Gaza”. “Israel ha echado hoy a Médicos sin fronteras [de la franja] dejando a millones sin hospitalizar”, agregó Rigoberta Bandini, la otra anfitriona. Quedó así claro el tono de la 40ª gala de los Goya. Al fin y al cabo, había mucho que denunciar: el mundo es el que es.
Por supuesto, también se habló de cine. Y más en un año que el presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, considera “el mejor de la historia del cine español”. Pero en los discursos hubo un amplio repaso a la actualidad: la guerra en Ucrania, la masacre por parte de Israel, la opresión a las mujeres en Afganistán o Irán, la represión de Donald Trump contra los migrantes, los recortes de Javier Milei en Argentina o incluso las amenazas de la violencia machista o contra la infancia, o la Inteligencia Artificial.









