De una dupla de cartuchos a un imperio global, la expansión de este universo nacido en Japón no da muestras de aflojar y sigue sumando adeptos
Hace 10 años que Nintendo, la compañía japonesa que ha acompañado las infancias de millones de personas en todo el mundo, lanzaba su mayor éxito en décadas: Pokémon GO. En aquel 2016, con su difusión en móviles, el juego alcanzó su número máximo de jugadores concurrentes, más de 232 millones de usuarios atrapando pokémones globalmente —el juego de realidad aumentada acabaría siendo descargado más de 650 millones de veces―. Ese mismo año y en ese mismo juego, un niño malagueñ...
o de apenas ocho iniciaba su travesía para “hacerse con todos”. Ahora, de la mano de un fenómeno global que este 27 de febrero cumple 30 años, Leo P4t0m4n (Patoman) Marín salía el pasado 15 de febrero al escenario en Londres en el Campeonato Internacional Pokémon de Europa 2026 (EUIC 2026). El malagueño, que acababa de cumplir 18 años y cuyo monstruo de bolsillo favorito es el eternamente confundido Psyduck (de este pato amarillo sale su alias), estaba a punto de romper récords.
Pero antes del joven de Málaga, hubo un joven de la Machida rural, en Tokio, que, en los sesenta, disfrutaba pasando sus tardes atrapando y coleccionando insectos. Era Satoshi Tajiri, luz germinal de Pokémon. De su intención de brindar esa misma vivencia social de recolectar pequeñas criaturas y compartirlas entre amigos saldría el juego. “Pokémon es una experiencia social desde el minuto uno. No puedes pasarte Pokémon de verdad si no conectas con la gente, no intercambias, no combates, sin ese componente social. Lo que te vendía el objetivo, lo que decía la canción del anime, era ‘hazte con todos’ y para eso necesitas a otros”, expresa Israel Mallén —cuyo pokémon favorito es Bulbasaur—, autor del ensayo Generación PKMN: Una vida en la hierba alta.












