La actuación del Rey molestó a los militares subversivos, que lo consideraron un “objetivo a batir”. Tras el golpe, se inició la primera campaña institucional de protección al monarca, que se prolongó mucho más allá del ruido de sables
Desclasificados “todos” los documentos existentes – se desconoce si algunos fueron eliminados o sustraídos en la época- sobre el 23-F que el Gobierno asegura haber encontrado en distintos Ministerios, la versión oficial sobre el papel del rey Juan Carlos durante la intentona golpista apenas cambia. “El gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto”, celebra el autor del libro Anatomía de un instante, Javier Cercas, al que Pedro Sánchez agradeció públicamente haber empujado al Ejecutivo a abrir esos archivos. “El Rey”, añade, “cometió errores, algunos muy serios, como querer echar a Adolfo Suárez, o jugar con la idea de un Gobierno de coalición o concentración presidido por un militar y permitir que el general Armada fuera por ahí proponiéndose para el puesto; son errores que cometió casi toda la clase política, pero en el caso del Rey fueron más dañinos. Esos errores facilitaron el golpe, pero el Rey no lo montó: lo paró”.
Si el escenario principal del 23-F fue el Congreso de los Diputados, además de las calles de Valencia, aquel donde se jugó auténticamente su suerte fue en el Palacio de la Zarzuela. Lo que ocurrió en la residencia del Jefe del Estado se describe en un archivo con diversos documentos, incluidas nueve páginas que fijan la cronología de la actuación del Rey durante esas horas críticas, pero no consta cuándo fue redactado.












