Juan Carlos I justifica su demora en dirigirse a los españoles por TVE y dice que Armada parecía saber lo que se tramaba
Juan Carlos I aprovecha sus memorias para ofrecer por vez primera su versión sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y el papel que jugó aquella noche, que ha sido objeto de múltiples especulaciones y controversias. “No tengo nada que ocultar”, proclama. Lo primero que hace es negar que perdiera la confianza en Adolfo Suárez y ...
que este hecho precipitase su dimisión como presidente del Gobierno en enero de aquel mismo año. “Se ha pretendido que yo había tomado distancias con él. Nada más falso. Él conservaba mi confianza, mi reconocimiento y mi sincera amistad. Pero mi papel estaba entonces limitado por la Constitución, una distancia institucional de mi parte era entonces de rigor”, alega para explicar la frialdad entre ambos. El Rey revela que Suárez le anticipó su decisión de dimitir en uno de sus despachos habituales. “No es necesario ni obligatorio que dimitas”, asegura que le dijo. A lo que este le respondió: “He tomado mi decisión y no me volveré atrás”.
Uno de los episodios más oscuros de aquellos días es la entrevista que el Rey mantuvo con el general Alfonso Armada, uno de los principales cabecillas de la rebelión, en la estación de esquí de Baqueira Beret el 6 de febrero, semanas antes del golpe de Estado. La reina Sofía regresó aquel día a Madrid ante la inesperada muerte de su madre en una operación menor de cirugía estética, pero el jefe del Estado se quedó en el Pirineo para reunirse con el entonces gobernador militar de Lleida, que había sido su tutor militar durante años y a quien él mismo promovió como segundo jefe del Ejército contra la opinión de Suárez. “Quería sondear el ánimo de los militares y tener información de primera mano”, dice para justificar aquella reunión.






