Un día las máquinas escribirán como Lorca. Aunque nada sabrán de los lugares perdidos, de los rincones de ayer, de esos bares hondos dónde nos comíamos los labios

La noche se hace redonda, espuelas y llantos. Y los cables cantan sangre de cobre. Delante, la plaza vacía de la pantalla. Un día las máquinas escribirán como Lorca. Las teclas abrirán el vientre de los números. Escarbarán la tierra. Y nos quedaremos a solas con nuestros ojos rojos. Seremos esos hombres huecos, sin pupilas, que ni miran ni ven....

Las teclas son como dientes que muerden el aire dormido. Un día las máquinas escribirán como Lorca. Tendrán crines, cascos, truenos, serán árboles como verdes cuchillas, serán noches que se ahogan. Un día los datos nos falsearán hasta los sueños, los trenes caminarán hacia atrás y los aviones despegarán sin sentido, porque no tendrán dónde ir.

Un día nos acordaremos de lo que fuimos, de las muchachas en las calles, de los árboles en los parques, del cielo hecho un caimán con ojos de nubes. Miraremos el termitero de las palabras como cosas ajenas. Alguien estudiará lo que fuimos, indagará cómo ardía la vida, como era el abril, y palomas a mil, y algún que otro melenudo que había por entonces, que escribía cosas así.