Quién nos iba a decir que a la pregunta de Groucho “¿a quién vas a creer, a mí o a tus propios ojos”, responderíamos: “A ti, a ti”

Una periodista de La Gaceta, Rebeca Crespo, publicó en Twitter la fotografía de una mujer en una estación de metro de Madrid ataviada con un niqab, la cabeza oculta por él. “Pero si en España no te encuentras a nadie con burka ni niqab”, dijo irónicamente. Al rato, empezó a circular una secuencia de imágenes: la de la propia periodista poniéndose la prenda para ser fotografiada. Este artículo no va de las intenciones que movían a la periodi...

sta con su foto, sino de algo más delicado: lo que ven tus ojos y lo que van a ver a partir de ahora, y tu posición al respecto. Muchos usuarios de Twitter, también aquellos que patrullan con el dedo levantado, creyeron cierta la secuencia. No lo hicieron con cuidado, sino con la crueldad habitual: les perdió el zasca. Pero las fotos de la mujer vistiéndose habían sido hechas por inteligencia artificial (IA). Muy bien hechas, pero IA.

“Pero si en España no te encuentras a nadie con burka ni niqab…” pic.twitter.com/dcgruvUTY3

¿Qué era lo más verdadero de la secuencia? Las ganas que mucha gente tenía de que lo fuese. ¿Qué era lo que más delataba el fake? Que la periodista hiciese la trampa sin comprobar a su alrededor que nadie la estuviese viendo. Pero el sesgo no atiende a razones. En cualquier caso, preparémonos. Llegará el tiempo en que no se pueda reprochar a quien ha sido engañado, a pesar de su reacción mezquina. Estamos ya listos para ser engañados del todo, también los más precavidos.