El entrenador del Atlético apela a la condición de tanque del área del noruego para golpear al Brujas con balones largos y bombeados
“¡Es una máquina!”, dijo Cardoso, señalando al mocetón de 1,95 que salía del campo aclamado por la multitud de devotos. Cantaba el coro en el templo en llamas del Metropolitano, y todos señalaban al gigante Alexander Sorloth, autor de un triplete de goles en el 4-1 que selló el pase del Atlético a octavos de la Champions. La apuesta más decidida de Simeone para enfrentar al Brujas en la vuelta del playoff salió de perlas y la tarde que comenzó plagada de dudas acabó en exultación y júbilo. En las gradas, en la cancha, y en los platós, en donde el narrador de Movistar manifestó lo que todos querían expresar y nadie sabía cómo: “Hoy Sorloth ha demostrado que es mucho más que un tronco noruego”.
“Una lucha sin cuartel” fue la leyenda del tifo desplegado en el fondo sur del Metropolitano. La pancarta evocó a los tercios de Flandes con la divisa cruzada de Borgoña. Mucha épica, mucha nostalgia, y mucho patrioterismo para recibir al tercer clasificado de la liga belga. Lucha, quizás. Fútbol, de entrada, poco. En cuentagotas si no se contabilizaban las cantidades ingentes de balones largos a Sorloth.







