El alcalde de Jabaloyas, un pequeño pueblo de Teruel, viajó al Vaticano para pedir el rescate de su iglesia que amenaza con caerse

Un día el alcalde se cansó. Se cansó de llamar al Gobierno de Aragón, de escribir al Ministerio, de insistir ante el obispado y de organizar colectas entre los 55 vecinos de Jabaloyas para tratar de salvar su iglesia. Había reparado el reloj y hasta había comprado de su bolsillo unas las luces para que el maltrecho campanario se viera bonito desde cualquier punto pe...

ro no había respuesta para los pilares fracturados y las grietas en la piedra. Así que un día de enero se cansó de tocar puertas, metió sus cosas en una bolsa y se plantó en el Vaticano para ver al Papa.

Aquel día en el Vaticano se celebraba una audiencia pública y delante de él había un mar de fieles: curas de medio mundo, familias numerosas, beatas entusiasmadas, jóvenes recién ordenados y devotos turistas debidamente acreditados. Entonces el alcalde, de boina y corbata, se fue abriendo paso a codazos hasta que llegó frente a él.

—Santidad, soy el alcalde de Jabaloyas, en Teruel.