La almanseña, hasta ahora CEO de Merck, vuelve a la farmacéutica francesa Sanofi para sacarla de su letargo bursátil
Tacones altos, mucho poder y nunca en casa”: así resumía hace unos años Irene Mora Garijo, hija de Belén Garijo, cómo era la mejor versión de su madre. A paso firme –y con tacones– la almanseña de 65 años, considerada durante un tiempo la mujer más poderosa del ya de por sí poderoso mundo empresarial alemán, afronta el que quizá sea su último baile: será la nueva consejera delegada de Sanofi, la farmacéutica francesa, tras abandonar la alemana Merck, que ha dirigido durante los últimos cinco años. Una nueva mudanza para la ejecutiva, que tendrá que seguir cargando con la coletilla que la acompaña desde hace décadas: la española más internacional.
El exitoso camino de Garijo comienza en la Universidad de Alcalá de Henares, y lo hace de forma accidentada. Allí, lidera como estudiante de Medicina las protestas contra los numerus clausus de acceso a la facultad y se prepara para lo que ella piensa que va a ser una larga carrera en el ejercicio de la medicina interna. Pero, como en la mítica escena de Match Point, la bola a veces cae en un lado inesperado de la red: en una época en la que las plazas MIR están muy limitadas, la recién licenciada se acaba formando en farmacología en el hospital madrileño de La Paz y, tras seis años de práctica médica en Sanitas, se pasa a la industria farmacéutica. De haberse convocado oposiciones, ha contado alguna vez, quizá nunca habría dado el paso al mundo empresarial.











