La automovilística prémium asegura que la marcha atrás de algunos fabricantes como Ford o Stellantis en el coche eléctrico es una gran oportunidad para ellos

El propio Ola Källenius, presidente de ACEA, la patronal europea de fabricantes de coches, —y a su vez, consejero delegado de Mercedes-Benz— reconoció en su visita a Madrid de este jueves, que el sector tiene diferentes sensibilidades respecto a las medidas de flexibilidad que tendría que poner en marcha la Comisión Europea en el ámbito de la regulación de emisiones de gases contaminantes. Hay, incluso, fabricantes de coches que están en contra de que Bruselas haya dado marcha atrás en diciembre a su ambicioso objetivo de que solo se vendan vehículos eléctricos en Europa en 2035. Este es el caso de empresas como Volvo o Polestar, esta última nacida como la división deportiva de Volvo, pero que ahora opera como una firma prémium independiente dentro del grupo chino Geely (que también controla a Volvo). Ambas automovilísticas iban por el buen camino para cumplir con la meta de cero emisiones, al contrario de lo que sucedía con los gigantes del sector alemanes.

“Haber cambiado el objetivo de 2035 no ayuda en absoluto. Y tampoco cambia el panorama porque tenemos que seguir yendo hacia el eléctrico, pero los políticos han logrado confundir a todo el mundo. Muchas gracias por eso”, dice con ironía Michael Lohscheller, consejero delegado mundial de Polestar, en una entrevista con este medio por videollamada. “Que se haya movido de un 100% de eléctricos a un 90% [Bruselas ha planteado que las emisiones de tubo de escape de los coches nuevos sea del 90% en 2035, en vez del 100%. El resto se compensará usando acero verde europeo o vendiendo vehículos que se muevan con combustibles sintéticos o biocombustibles], no supone una gran diferencia. Se ha complicado tanto que solo los expertos pueden entenderlo, pero tenemos que pensar en los consumidores, que lo que quieren es una movilidad de cero emisiones”, añade el directivo.