La falta de control sobre los materiales críticos, dominados por China, desdibuja el aumento del presupuesto militar de la UE
Corría el año 1485 cuando, en el campo de batalla de Bosworth, en Inglaterra, los ejércitos de Enrique Tudor, conde de Richmond, intentaron derrocar al rey Ricardo III. Este último —un hombre capaz de desatar tormentas de sangre y que Shakespeare convertiría en el gran arquetipo de la villanía— convocó a sus tropas y pidió su mejor caballo. Según la tradición popular, su herrero se quedó sin materia prima y no pudo fabricar suficientes clavos para asegurar todas las piezas del atalaje. El forjador hizo lo que pudo: fijó el cuarto herraje con la mayor firmeza posible, con la esperanza de que resistiera. Así, el rey Ricardo III se lanzó a la guerra. En medio de la batalla, el monarca vio un pu...
nto débil en la línea enemiga y rápidamente giró al animal. Durante el movimiento, la herradura se soltó, el caballo tropezó, Ricardo cayó al suelo, perdió el casco y murió abatido. Tiempo después circuló un proverbio que resumía la escena: “Por un clavo se perdió una herradura; por una herradura, un caballo; por un caballo, un caballero; por un caballero, un campo; por un campo, todo un reino”.






