Europa sufre un asalto que busca manipular las mentes hasta aniquilar el pensamiento propio. La defensa ante ese ataque importa más que las trincheras militares o comerciales

El emperador Carlomagno pasaba revista a sus paladines en medio de una gran campaña militar contra los enemigos musulmanes cuando llegó hasta un caballero con una armadura blanca impoluta, Agilulfo dei Guildiverni. A diferencia de sus compañeros, este no levantó su celada ante el gran rey. Preguntado por el soberano porque no mostraba su rostro, el caballero respondería:

-Porque yo no existo.

Dentro de la armadura no había nada material, no había un cuerpo.

Carlomagno preguntó entonces a Agilulfo cómo podía prestar servicio militar sin existir.