La descalificación de los archivos del criminal millonario Jeffrey Epstein ha dado alas a una teoría conspirativa que abarca desde ‘Eyes Wide Shut’ a QAnon: ¿hace uno el mal simplemente porque puede?

En Eyes Wide Shut, la película que rodó Stanley Kubrick justo antes de morir en 1999, Bill Harford, un médico interpretado por Tom Cruise, descubre que muchos de sus pacientes (políticos, empresarios y celebridades pertenecientes a las élites neoyorquinas) participan enmascarados en orgías y rituales. Con la desclasificación de cada parte de los archivos de Epstein, miles de personas han comentado en redes que estos documentos (llenos de nombres de famosos de todos los ámbitos) confirmarían que Kubrick se basó en hechos reales y hay quien —en un giro más de la conspiranoia— ha difundido el mensaje de que el director no murió de un infarto, sino que fue asesinado por haber desvelado los secretos de la alta sociedad estadounidense.

A menudo, las teorías de la conspiración sobre poderosas sociedades secretas que operan al margen o contra los estados se presentan acompañadas por la idea de que los ricos y los poderosos que participan en esos complots contra la ciudadanía también se comportan de forma libertina e inmoral. Así, a la ambición sin límites de las élites habría que añadirle un presunto apetito sexual desmesurado y unos deseos desviados de la norma, además, claro, de la capacidad para realizarlos con impunidad incluso cuando dañan a terceros. “Epstein ha actuado como napalm sobre todas esas sospechas”, explica el ensayista Noel Ceballos, autor de El pensamiento conspiranoico (Arpa, 2021). “Según el Dictum de Lord Acton, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente y las últimas noticias (entre la que destaca la detención esta semana, del príncipe Andrés de Inglaterra) nos inclinan a darle la razón”, continúa Ceballos, que recuerda que este historiador también escribió que “los grandes hombres son casi siempre hombres malos”. “Esa visión del poder como algo inherentemente perverso y corruptor entronca muy bien con la mente conspiranoica”, afirma el autor.