La publicación de más de tres millones de documentos salpica a las élites económicas y políticas, y evidencia que las conexiones del pederasta llegaban hasta lo más alto
“¿Crees que eres el demonio?”. Jeffrey Epstein hace una breve pausa y frunce el ceño al escuchar la pregunta. “No, pero sí tengo un buen espejo”, contesta con ironía el millonario pederasta tras dibujar una pequeña sonrisa. Su interlocutor no está conforme con la respuesta e insiste unas tres o cuatro veces. “No lo sé, ¿por qué dirías eso?”, se defiende Epste...
in. “El demonio me da miedo”, bromea el financiero antes de que se corte la grabación, que dura casi dos horas. Se trata de una entrevista con Steve Bannon, antiguo estratega de Donald Trump y polemista de extrema derecha, que forma parte de los más de tres millones de documentos, 180.000 imágenes y 2.000 vídeos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó la semana pasada.
La última entrega de los papeles de Epstein supone un nuevo testimonio de las conexiones del pederasta en las esferas más altas del poder y de cómo mantuvo relaciones con exmandatarios, diplomáticos, grandes empresarios, políticos reputados, intelectuales, artistas y miembros de la realeza. Aparecer en los documentos no significa de entrada ser culpable de ningún delito. Las últimas revelaciones, sin embargo, demuestran que ser un criminal confeso no impidió a Epstein seguir tratando con ricos y famosos, no le cerró oportunidades de negocio ni puso freno a las fiestas que organizaba en su isla privada, donde cometió cientos de los abusos por los que iba a ser juzgado en 2019.









