El caso Epstein se remonta a mediados de los años noventa, cuando surgieron las primeras denuncias por abuso sexual de menores contra Jeffrey Epstein, un millonario misterioso y extraordinariamente bien conectado en la sociedad de Nueva York gracias a su novia/amiga/cómplice Ghislaine Maxwell, que hoy cumple 20 años de cárcel como conspiradora de la red de tráfico sexual de aquel. Nadie quiso creer entonces a esas muchachas que se enfrentaron al poderoso y, durante décadas, impune pederasta.
Este fue finalmente procesado en Florida en 2006 después de que los investigadores reunieran decenas de denuncias de abusos sexuales en su mansión de Palm Beach, a la que las atraía, a veces con la ayuda de Maxwell, para que le dieran un masaje que solía desembocar en una agresión sexual. Muchas de ellas eran jóvenes con problemas. Algunas se quedaban a sueldo después para atraer a nuevas víctimas. Entonces, los poderosos abogados del millonario lograron que el asunto se resolviera con un polémico acuerdo con la fiscalía por el que solo pasó 13 meses en prisión.
En 2019, Epstein murió en una celda de alta seguridad en Manhattan mientras esperaba un segundo juicio, cuando las viejas denuncias cobraron nueva vida y se les sumaron muchas otras. Las extrañas circunstancias de su muerte, que el forense consideró un suicidio, los flagrantes fallos en su custodia y las conexiones con el poder de Epstein alentaron toda clase de teorías de la conspiración, que han resucitado este mes cuando la Administración de Donald Trump anunció que no desclasificaría nuevos archivos de Epstein y zanjaba los dos bulos más extendidos sobre el caso: que el sumario esconde una lista incriminatoria de hombres poderosos y que al tipo lo asesinaron para que no tirara de la manta.







