Dieciséis jóvenes de entre 13 y 18 años le cuentan a EL PAÍS cómo usan sus teléfonos y cómo enfrentan prohibición de las redes anunciada por el Gobierno

Pantallas de inicio del móvil de algunos adolescentes entrevistados para este artículo.

“En plan, a veces tus padres te dicen que llevas muchas horas en el móvil, te echan la peta literal, pero luego te das cuenta de que, bueno, es por tu bien”, dice Carla, madrileña de 15 años, en un resumen impecable de uno de los grandes debates de hoy entre padres y adolescentes: ¿cuánto y cuándo puede un joven usar su teléfono? Pedro Sánchez anunció en enero que pronto

nk-track-dtm="">prohibirán las redes sociales para menores de 16 años, como ya ha ocurrido en Australia. Desde hace años, se vincula a los jóvenes y su uso del móvil e internet con conceptos como adicciones, desinformación, acoso, pedofilia o pornografía.

En este debate, hablan muchos psicólogos, padres, profesores pero a menudo se olvida la voz de sus protagonistas: los adolescentes. EL PAÍS ha hablado con 16 jóvenes en edad escolar, de entre 13 y 18 años, de más de una docena de provincias españolas, con permiso de sus madres y padres. Pertenecen a la mayoría oculta que, no sin sus propias dudas, ve a su alrededor cómo algunos padres sufren por encima de sus necesidades. Pero también lidian con cómo manejar un aparato tan complejo, que ofrece tantas posibilidades y en algunos casos, como ellos mismos admiten, les resulta adictivo y les quita tiempo para otras actividades.