La pérdida del control del tiempo, el síndrome de abstinencia o la irascibilidad son banderas rojas que avisan de que las pantallas dan problemas

Los móviles generan adicción entre los jóvenes. Lo dicen los psicólogos, que cada vez tratan a más pacientes menores con cuadros complejos relacionados con su vida digital. Y lo reconocen algunas de las mayores plataformas del mundo, que se enfrentan a

que-puede-acabar-con-las-redes-sociales.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/tecnologia/2023-04-22/las-nuevas-tabaqueras-la-oleada-de-demandas-que-puede-acabar-con-las-redes-sociales.html" data-link-track-dtm="">una cascada de demandas en EE UU por diseñar sus productos para que atrapen a los usuarios. La declaración la semana pasada de Mark Zuckerberg, dueño y director ejecutivo de Meta (empresa matriz de Facebook, Instagram o WhatsApp), muestra que el asunto es serio: es la primera vez que el magnate pisa un tribunal, y lo hace en un juicio que pretende dirimir si sus redes sociales son o no adictivas.

Empieza a haber consenso también entre los científicos acerca de las implicaciones para la salud de una sobreexposición a las pantallas en edades tempranas. El Journal of the American Medical Association (Jama) publicó el verano pasado un editorial en el que describe cómo el uso adictivo de pantallas afecta a la salud mental de los adolescentes. Destaca una serie de patrones preocupantes: el 48% de adolescentes pierde el control del tiempo que pasa con el móvil, el 25% lo usa para “olvidar problemas” o piensa constantemente en aplicaciones incluso cuando no las está usando y el 11% reconoce su impacto negativo en el rendimiento escolar. El 17% ha intentado reducir el uso, pero no lo consigue. El artículo subraya que los patrones adictivos, más que el tiempo total de pantalla, son los que predicen peor salud mental.